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Sin miedo a recuperar la Corbata y otros propósitos Sartoriales para el 2021:

Con un nuevo año siempre viene la oportunidad de no sólo de formar nuevos hábitos, sino de pulir los viejos y por supuesto, ciertamente el ámbito del estilo (más aún del estilo sartorial) no escapa de la oportunidad que una página nueva nos da para incorporar, quizás poco a poco a través de nuevas ideas y sobre todo, de la puesta en práctica en nuevas maneras de expresarnos a través de él, de tener nuevos propósitos para el año que recién comienza:


I. Recuperemos la Corbata:



La corbata es, quizás junto con el reloj de pulsera, el accesorio masculino por definición. Nadie la identifica con algo que no sea un hombre relativamente exitoso y vestido por supuesto con prendas de sastrería, empero, h0y en día su uso se está perdiendo incluso en las oficinas y las bodas de menor rigor en cuanto al código de vestimenta a cumplir. Pero esto no siempre fue así. Lo cierto es que hace varias décadas, en la Edad de Oro de la moda clásica masculina, era muy difícil salir a la calle y ver a algún hombre sin corbata o al menos con algo decorando su cuello, ya que incluso los más casuales utilizaban a menudo algún otro accesorio similar, como gaznés o pajaritas.



Ante esta situación, uno de los propósitos que sugerimos para el año que comienza (y pondremos en práctica sin duda alguna en A Style, by A) será el de normalizar el uso de la corbata como un accesorio más que nos engalana, como una herramienta más de expresión personal y sofisticación y no sólo como el hierático símbolo del poder político y sobre todo de los negocios con la que la hemos visto desde hace décadas (y que en parte ha ocasionado su desuso en circunstancias normales) por otro lado, el gran propósito en general será que, como todo un dandy, recuperemos los accesorios de cuello para el día a día. Esto no quiere decir que tengamos o debamos usar corbata en todas las ocasiones (eso sería impráctico) pero sí quiere decir que si la ocasión mínimamente lo permite, usaremos corbata, gazné e incluso, por qué no, una pajarita.


II. Normalicemos el casual sartorial:


Este propósito es similar en naturaleza al anterior. Normalmente cuando las personas piensan en casual, se imaginan (sobre todo si son jóvenes) atuendos más bien desarreglados (incluso fachosos y/o deportivos) y carentes de todo aliño, elegancia o encanto alguno. Atuendos en los que cualquiera pierde su esencia en un intento por mezclarse completamente con el entorno y esto no tendría por qué ser de esta manera existiendo tantas maneras de elevar de categoría nuestros outfits para, al mismo tiempo, expresar mejor quienes somos a través de nuestra imagen personal.




Y si bien, el vestir sartorial no implica llevar un traje 24/7 los 365 días del año, pero sí que implica el uso de conceptos sencillos pero básicos para sacar lo mejor a la hora de vestirnos para salir al mundo.


Usar la talla y la tela correctas.

Combinar bien los colores y;

Combinar bien las prendas y sus patrones y texturas.


Dicho esto, el vestir sartorial implica, por supuesto, el uso regular de las prendas clásicas del guardarropa masculino: desde un abrigo pesado para el invierno hasta una camisa de lino en el verano, el hombre sartorial siempre se destaca por su elegancia (normalmente es aquel que lleva algún blazer o americana al menos la mitad del tiempo) y por siempre saber vestir para el lugar y el momento en que está (de otra forma sólo sería un excéntrico) con un claro toque de atención que vigila los detalles de sus prendas y por supuesto, su imagen.


III. Busquemos siempre la calidad y sustentabilidad en nuestro guardarropa:


Los apasionados del buen vestir entendemos nuestro guardarropa y cada una de sus prendas como herramientas (pues permiten a los demás conocer una parte de tí y a tí mostrar respeto a los demás) y en este sentido todos aspiramos a tener un guardarropa completo, hecho para durar y que nos acompañe por muchos años (en este sentido también será más conveniente y económico) pero para que eso suceda, debemos buscar ropa, zapatos y demás prendas hechas con esmero, con materiales y métodos que permitan que duren y por supuesto al compartir con nosotros una esperanza de vida mucho más larga debido a esto, hacernos ahorrar tiempo y dinero (dos cosas bastante importantes si me preguntan) en este sentido, el hombre sartorial no compra cosas mal hechas que tendrá que reemplazar cada seis meses.



En este tenor y como un bonus bastante agradable, el utilizar conceptos básicos para reconocer una chaqueta bien hecha o cómo diferenciar unos zapatos de calidad que podrás usar durante años, nos da como resultado el cuidado del planeta: no consumimos por consumir y no vamos al ritmo de las modas absurdas que inventan algo nuevo y excéntrico cada temporada. Si bien el hombre sartorial sí incorpora detalles modernos en sus atuendos según la ocasión, el ir siempre con los conceptos y prendas clásicas, esas que funcionan lo mismo ahora que hace cien años, impedirá también un costoso (y ciertamente lleno de desperdicios) cambio de guardarropa cada que cambia una tendencia.


IV. Cuidemos de nuestras prendas:


Nuevamente, este propósito se conecta directamente con el anterior, la idea es gastar menos y por supuesto, potenciar al máximo tanto en apariencia como en desempeño la vida útil de nuestras prendas. En este sentido, no nos quitará mucho tiempo el cuidarlas y darles un buen trato, todo gira en torno a almacenarlas correctamente, lavarlas y plancharlas según las instrucciones de las etiquetas y bolear y lustrar los zapatos de piel cada cierto tiempo y limpiar tus sneakers cuando estén sucios. Nada que implique ciencia nuclear ni que quite mucho tiempo de nuestro día a día y que no obstante, puede hacer una gran diferencia a la hora de aumentar la vida útil de nuestras pertenencias.





V. Encontremos, día a día, nuestro estilo:


Este es el máximo propósito que hay, no sólo para este año, sino para el resto de nuestra vida. A pesar de lo mucha gente pueda pensar, el estilo, por mucho que tenga características que lo hagan similar a los de alguna otra persona, es algo unipersonal, intuitivo y por supuesto, una parte de lo que somos y de cómo somos percibidos. Dicho esto, el encontrar nuestro propio estilo, uno que conecte con nuestras metas, valores, personalidad y propósitos, siempre será un buen paso en la vida, pues si bien el estilo no es lo más importante, siempre podrá ser una herramienta de la que valerse para asuntos diversos y para decirle al mundo: Aquí estoy y así soy yo.


Que sea un excelente año para tí, Astyler.


-A

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