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Del "Powersuit" y otros tipos de traje:

Actualizado: 18 feb 2021

Cuando pensé en escribir este artículo, algo en mí consideró que debería llamarse "Breve semblanza de la historia del traje", pero eso no sonaba tan interesante y se prometía demasiado largo. Así que, en lugar de recorrer, con una línea del tiempo enorme la historia del siempre versátil y elegante traje, pensé en simplemente hacer una versión reducida de esta, que nos ayude a identificar los estilos de traje que hay y cómo podemos beneficiarnos de ellos según nuestra silueta y personalidad.



Lo cierto es que cuando hablamos de un traje, la moda pasa de una manera extraña y muy superficial sobre él. No altera su esencia, sino sus detalles: su silueta, las solapas de la chaqueta y quizás las telas (a principios de siglo era raro ver un traje que no fuera de lana, ahora los hay de todas las telas, incluído el tan denostado poliéster) pero nada más. Sin más, te traigo los momentos más clásicos de nuestra prenda favorita y lo que podemos aprender de ellos para nuestro estilo actual:


3 Momentos, 3 Trajes, 3 Estilos:


Comencemos por el principio: el traje que tan comúnmente asociamos con la formalidad estricta de los negocios nació a mediados del Siglo XIX en Escocia. En un principio se le llamó Traje de Salón o Lounge Suit, y se le consideró una opción mucho más casual para vestir en momentos más relajados. Sí, nuestro amado traje nació siendo el equivalente de unos blue jeans en el escalímetro de la formalidad decimonónico (S. XIX). Desde entonces hasta ahora el traje como lo conocemos ha pasado por cambios de silueta, dos guerras mundiales, la guerra fría y la globalización, sin mencionar cada hecho histórico particular entre estas y en este proceso se ha convertido en la pieza fundamental del guardarropa masculino más elegante, en el ícono de la moda masculina del Siglo XX y una prenda con mucha presencia que hoy en día sigue no sólo vigente, sino que empieza a recobrar la fuerza de antaño. Hoy, te presentaré los tres estilos más icónicos de los trajes para hombre, estilos cuya base fundamental se remonta varias décadas atrás, pero cuyo espíritu puede seguir vivo hasta hoy ya que pueden beneficiar a cierto tipo de persona y momento según la elección.


La era de oro: 1920-1939


Si te gustan series como Peaky Blinders, Boardwalk Empire o películas como el Gran Gatsby, Enemigos Públicos o Los Intocables de Eliot Ness, encontrarás fácilmente identificable el período al que nos referimos, encontrando en el estilo de sus protagonistas un atuendo limpio y elevado, con un cierto aire de sofisticación natural, pero con una gran fuerza, cierto encanto y energía. No en balde esta época fue bautizada como la Era de Oro de la moda clásica masculina. De allí surgieron siluetas, tendencias y sobre todo la imagen de poder, elegancia y clase que persigue al traje hasta nuestros días.


De los trajes por sí mismos hay varios apuntes que pueden hacerse: las solapas eran de un tamaño moderado (ni muy anchas ni muy angostas) y casi siempre se configuraba en un traje de tres piezas (chaqueta, chaleco y pantalones) a menos que tuviera una chaqueta cruzada como protagonista (y muy a menudo aún en estos casos). Eran tiempos en los que era tan válido usar una chaqueta de tres botones como de dos (porque el corte era el apropiado, no como las horribles chaquetas de tres botones de los 90´s) en el que los colores del traje y los accesorios que lo acompañaban marcaban la ocasión para la que serviría. En aquella época se iba de traje lo mismo de cacería en otoño (con un traje de tweed en algún todo de gris o marrón) que a un picnic en verano (con un traje de lino o algodón en colores claros).



En general, en aquella etapa de oro podíamos encontrarnos con todo un gran espectro de patrones y colores en trajes que apenas y se está recuperando en nuestros días, desde luego los clásicos grises y marinos dominaron el plano más serio, pero para los momentos casuales podremos encontrar desde trajes blancos hasta en tonos de pastel y tenue rosado o azul, si bien estas dos décadas pueden dividirse claramente en dos etapas: los "felices" años veinte, una etapa de abundancia y regodeo (la mayoría de los trajes más ostentosos y coloridos los encontraremos en esta era) y los años treinta, posteriores a la Gran Depresión Económica Mundial de 1929, en que se volvió a los grises y azules más clásicos, eso sí, la presencia de patrones poderosos, como cuadros o rayas diplomáticas perduró.



De aquella época podemos rescatar cuatro lecciones para nuestros atuendos de un siglo después: las siluetas clásicas y balanceadas nunca pasarán de moda (si lo que quieres es que tu traje se mantenga vigente lo más posible, opta por solapas ni muy anchas ni muy angostas y un corte clásico, ni holgado ni muy slim) un chaleco hace la diferencia (de ser posible opta siempre por un traje de tres piezas en lugar de uno de dos) un traje no tiene por qué ser aburrido (no le tengas miedo a innovar con colores y patrones distintos) y por último los accesorios pueden hacer la diferencia (no tengas miedo de usar una pajarita, un pisacorbatas, un sombrero, un pañuelo de bolsillo o unos lentes de sol)


Adelgazando: Los 60´s



Sí viste Mad Men o eres fanático de Sinatra sabrás de qué estoy hablando. En aquel tiempo, el traje se puso a dieta, adoptando una silueta mucho más pegada al cuerpo (sin llegar a ser exageradamente slim) y solapas bastante delgadas (sí, eso no es nada nuevo). Los años sesenta adelgazaban al traje.



El pantalón también fue testigo de este cambio y desde aquel momento se popularizó el estilo de no dejarlo caer completamente sobre el pie y de los cortes más cercanos al cuerpo (muy parecido al slim más moderado de nuestro tiempo actual). Oh sí, los sesenta fueron buenos para el traje.



De esta época podemos rescatar muchas cosas (tan es así que llevamos casi dos décadas con los diseñadores y tiendas imitando este estilo) pero la más valiosa es que un traje puede ayudar a dar la impresión de una silueta más o menos delgada con sus detalles. La solapa angosta tiene esta tendencia de acentuar la delgadez de su portador y estilizar la figura y este estilo de traje es altisimamente recomendable si estás en forma o si eres delgado, pues le sacará el mayor provecho a tus cualidades.


La era del Powersuit: 80-90

Si en los 60´s el traje fue puesto a dieta, de 1980 a 1990 el traje fue al gimnasio y quizás, de los tres estilos que veamos hoy, este sea el que más llama la atención y el más arriesgado de utilizar hoy en día, no obstante, hay siluetas a las que puede favorecerles enormemente, debido a la manera en que está configurado.



El llamado "Powersuit" literalmente "Traje de Poder" de los años ochenta combina dos maneras de entender la sastrería de una forma nada, pero nada sutil. Hombros anchos (sí obviamente a través de la tela) solapas anchas con terminación baja (acentuando el pecho) y por supuesto, telas que se valen de su peso para dar un efecto al mismo tiempo recto y bastante acinturado maximizan la silueta masculina de una forma más cómoda que el moderno "ultraslim" (que por cierto no es nada cómodo).


El traje de poder es una estampa del nuevo auge del liberalismo económico, ese de Thatcher y de Reagan y por supuesto, nos recuerda a Armani y a Wallstreet, estando presente en películas tan diferentes como El Padrino III, Meet Joe Black y hasta Pretty Woman. Es un traje de muchísima presencia y es ciertamente un icono del hombre de negocios de esa era. Desde Patrick Bateman hasta Gordon Gekko.



Del traje de los ochentas, podemos rescatar muchos principios, desde los más simbólicos, como que el traje es el máximo emblema de los negocios y la masculinidad global hasta los más prácticos: con una corrección en el lugar en que termina la solapa y un poco el corte del pantalón, el estilo del powersuit podría estar vigente y ayudar, sobre todo, a dos tipos de personas: a aquellos hombres muy delgados a los que les gustaría ensanchar espalda, pecho y hombros, añadiendo muchísima presencia a su silueta o bien, al contrario, a los caballeros más bien pasados de peso, puesto que la manera en que está configurado (recto desde la caída del pantalón y hasta la cintura y luego ancho en pecho, espalda y hombros) de una forma natural valiéndose de la caída de la tela en lugar de apretando la silueta, esconderá en un grado más bien alto las curvas naturales que el peso de más ocasiona en el cuerpo y en cambio, dará un aspecto más musculoso, con presencia y sofisticación al ensanchar la espalda y los hombros, dando un mayor sentido de la proporción a su portador con la solapa ancha en el pecho.


Allí lo tienes Astyler. Un breve repaso no sólo de la historia y del ethos del traje, nuestra prenda favorita, sino el cómo las diferentes maneras de interpretarlo pueden ayudarte a verte bien. Yo me despido deseándote que tengas un gran día, con paso firme en tu camino sartorial.


Encuentra tu estilo

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